“COMER LIMPIO” ES ABSURDO

Por Cecilia Carnero

Por Cecilia Carnero

Cuando me inicié en el fitness hace unos 10 años estuve 100% mentalizada que para lograr mis objetivos debía comer limpio. Eliminé por completo los procesados, el azúcar, las harinas, los aderezos, la chatarra, hasta la sal de mis comidas, y todos los domingos religiosamente me preparaba mis tuppers con pollo sancochado, brócoli y arroz integral, todo sin sabor. Las porciones medidas y pesadas. Los llevaba a todos lados: oficina, clases, gimnasio. Comía donde me tocaba: en mi carro, en la calle, en el gym. De lunes a viernes seguía mi plan al pie de la letra, pero secretamente ansiaba el fin de semana ideando lo que iba a comer en mi próximo cheat meal. Perpetuaba el ciclo comida limpia – atracón – comida limpia. ¿Me dio resultados? Pues sí, pero solo a nivel físico. Adelantemos 10 años después, y esa mentalidad rígida de comer limpio no me funcionó, porque no fue para nada sostenible.

Pero empecemos por lo esencial. Definamos lo que es comer limpio, o sus equivalentes: comer sano, comer saludable. ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando te digo que debes comer limpio o sano? ¿preparar tus propias comidas? ¿Comer puras verduras?  ¿eliminar por completos los procesados? ¿comer vegano? ¿comer solo orgánico? ¿no comer chatarra? ¿no gluten ni lácteos? Cada uno tenemos nuestra propia definición de comer limpio, pero como consenso podemos decir que todos los conceptos tienen la misma base: comer comida real y nutritiva.

No hay nada malo en crear un contexto que se adapte a ti. Si quieres dejar de comer ciertas comidas porque sientes que te caen mal, o no van con tus creencias, o sientes que de esa manera mantienes tu autocontrol, perfecto. Pero el concepto de “comer limpio” es solo eso, una creencia que pone un nombre a tus hábitos de alimentación sea cual sea la razón. Por eso no hay una definición única y correcta para comer limpio, porque cada quien tiene su propia creencia, basada en sus propias experiencias personales. El mejor enfoque para en verdad aprender a alimentarte de manera correcta es adoptar una mentalidad flexible, en oposición a seguir una dieta o una estrategia rígida de alimentación.

Pensamiento dicotómico

O lo hago bien, o no lo hago. Este tipo de pensamiento perfeccionista es muy común y es lo que ocasiona ir al extremo con ciertos patrones de tener una mentalidad del todo o nada, del blanco o negro, de que tu alimentación debe ser perfecta o de lo contrario arruinarás todo. ¿Una galletita? Ni hablar. ¿Postre después del almuerzo? No hay forma. ¿Faltar un día al gym? Se malogró mi semana. ¿Probar un bocadito del cumpleaños en la oficina? Ni loca, me conozco y no podré parar. ¿Comer arroz, papa, pan, chocolate, helados, pizza? Totalmente prohibido porque engordan. ¿Terminaste comiendo alguna de las anteriores? Ahora te toca hacer cardio para compensar. ¿Tienes una cena familiar pero justo acabas de empezar tu dieta? Mejor no voy para no cagarla.

¿Alguna o todas de las anteriores te suena familiar? Pues te cuento que eso es producto de los pensamientos que has ido creando tú mismo con los años, con tu experiencia, con vivencias, con creencias, con marketing, con mitos, con desinformación, todo ha ido confabulando un entorno extremista completamente perjudicial para tu mente que dispara tus niveles de ansiedad, siendo para nada sostenible en el tiempo, ya que el conflicto mental es mayor si no estás preparado. Detrás de los perfiles que adoptan enfoques rígidos con la alimentación siempre hay pensamientos dicotómicos. Y, además, este rasgo es uno de los factores de riesgo en la incapacidad para mantener el peso perdido.

Las personas que son exitosas con su objetivo y pueden mantenerse con bajo porcentaje de grasa todo el año son precisamente las que tienen una mentalidad más flexible, en la zona gris, ni blanco ni negro. No hay alimentos que engordan y ninguno es el demonio, pero tampoco hay alimentos mágicos que te harán quemar grasa.

¿Cómo llegar a este punto de moderación? Pues como todo, con la práctica. Debes mejorar tu relación mental con la comida, no pensar en alimentos como buenos o malos, no pensar que arruinaste tus avances por comer una galletita, no estresarte en general por querer tener resultados rápidos e ir al extremo por querer conseguirlos. El equilibrio y el balance es lo que finalmente te dará resultados a largo plazo y lo mejor de todo es que podrán ser sostenibles a lo lago de los años y no solamente mientras dure “tu dieta”.

Adoptando una mentalidad flexible

Empecemos con lo básico. Estamos de acuerdo en que una alimentación óptima debe ser basada en su mayoría en comida real, léase, más verduras y menos “detox”, más frutas y menos jugos embotellados, más granos andinos y menos cereales de caja, más agua y menos gaseosas. Limitar o reducir la ingesta de procesados y ultraprocesados debería ser en general la regla para evitar el sobreconsumo de calorías y la deficiencia de nutrientes.

Pero la flexibilidad en cuanto a tu alimentación, te lo dará un concepto bastante fundamental, y el cimiento de lo que constituye la creación de cualquier dieta: la adherencia. Si no existe adherencia, el plan no sirve. ¿Te ves comiendo así en 1 mes, 3 meses, 10 meses, 1 año, 5 años, 10 años? Si la respuesta es no, cambia de dieta.

La mayoría de las preguntas que recibo a diario incluyen cosas como qué es mejor comer, pan pita o tostada integral, arroz integral o quinoa, estevia o monkfruit, harina de coco o harina de avena, comer fruta, arroz, pan de día o de noche, etc. (inserta una pregunta sobre alimentos aislados aquí), y mi conclusión siempre es la misma: que estamos tan centrados y obsesionados en los pequeños detalles que no vemos el verdadero bosque detrás del árbol: si la base de tu alimentación es saludable la mayor parte del tiempo, haces actividad física suficiente y descansas lo necesario, comerte de vez en cuando esa torta de chocolate con harto fudge, manjar blanco, harina blanca y azúcar, o comer una torta integral de chocolate con huevos orgánicos de gallinas libres de pastizales andinos con harina sin gluten de garbanzo y sal del himalaya con fudge de cacao del amazonas, no hará absolutamente ninguna diferencia (¿adivina qué? tienen casi las mismas calorías), y seamos realistas, el sabor jamás será igual. –Pero Cecilia, la otra torta es más nutritiva – Pues, déjame decirte que, si pretendes obtener tus nutrientes de una torta o cualquier otro postre o alimento porque tiene ingredientes “saludables”, lo estás haciendo mal. Nuevamente, todos tus nutrientes deben provenir de comida real.

La flexibilidad es poder llegar a un punto en donde puedas tranquilamente disfrutar de tu alimentación sin excluir ningún tipo de comida, sin presiones, sin ansiedad, sin angustia. En donde comerte ocasionalmente esa rica torta de chocolate con manjar blanco, un helado o una pizza no es lo que arruinará tus progresos, ya que llevas una pauta saludable la mayor parte del tiempo. Balance de mente-comida. Pero hasta no llegar hasta este punto de cambio mental y una mejor relación con la comida, no te sugiero adoptar una mentalidad flexible. Porque si tu idea de alimentación flexible es vivir a punta de oreos y gaseosas, todavía no estás preparado.

Si ya tienes un tiempo viviendo o intentando adoptar un estilo de vida saludable, entonces es muy probable que en este punto ya te conozcas. Conoces tu cuerpo, tu mente, tus detonantes, tus impulsos. Si tocar esa galleta dispara en ti un descontrol y sabes que no podrás parar, entonces quizás lo mejor para ti todavía sea una mentalidad rígida ya que no has aprendido a desarrollar el autocontrol. Y eso es un trabajo que requiere tiempo, paciencia y aprendizaje, o mejor dicho, desaprendizaje. Porque liberarte de ese pensamiento rígido traerá consigo la flexibilidad. Entonces mi sugerencia sería empieza por desaprender lo aprendido con tus vivencias y creencias, deja de creer que los carbohidratos engordan, deja de creer que la fruta de noche es mala, deja de creer que comer una galleta arruinará tus progresos, y un largo etcétera de lo que todavía crees que es malo, y empieza a adoptar pequeños cambios hacia una mentalidad más en el área gris. Prioriza lo que haces la mayor parte del tiempo y no te preocupes por lo que haces ocasionalmente. Somos la consecuencia de nuestros hábitos, lo que hacemos repetidamente.

Recuerda: La mejor dieta es la que pueda generarte adherencia. Los resultados llegan mucho antes para quien hace las cosas bien al 85%, que para quien pasa del 100% al 0% constantemente.

Referencias:
[1] Rosenbaum D, White K. (2013) The role of anxiety in binge eating behavior: a critical examination of theory and empirical literature
[2] Alhassa, S. Kim S, Bersamin, A. , King, A.C. & Gardner, C.D. (2008) Dietary adherence and weight loss success among overweight women: results from the A to Z weight loss study. International Journal of Obesity, 32(6), 985.
[3] Stewart, T.M, Williamson, D.A., & White, M.a. (2002). Rigid vs. flexible dieting: association with eating disorder symptoms in nonobese women. Appetite, 38(1), 39-44.
[4] Westenhoefer, J. Engel,D. Holst,C., Lorenz, J., Peacok, M., Stubbs J, et al. (2013) Cognitive and weight-related correlates of flexible and rigid restrained eating behavior. Eating behaviors, 14(1), 69-72 .

¡Conoce el camino para tener un estilo de vida verdaderamente sostenible!

Quiero que aprendas que un estilo de vida saludable no es una carrera, tampoco una maratón, sino un viaje que te durará toda la vida. Y con las herramientas adecuadas, lograrás disfrutar de cada paso en el proceso.